Las cuatro ces
Un diamante se valora por cuatro características: el peso en quilates, el color, la pureza y la talla. Las cuatro se combinan, y por eso dos piedras del mismo tamaño pueden tener precios muy distintos. La talla es la que más suele sorprender a quien vende: es lo que hace que la piedra brille, y una talla mediocre penaliza el precio aunque el resto sea bueno.
Con certificado y sin certificado
Si la piedra tiene certificado de un laboratorio reconocido, tráelo: acelera la valoración y la hace más precisa. Si no lo tiene, que es lo más habitual en joyas heredadas, se examina y se valora igualmente. Cuando la piedra está montada, hay parámetros que solo pueden estimarse sin desmontarla, y te lo explicamos con claridad para que sepas de qué margen estamos hablando.
Por qué el precio no se parece al del escaparate
Es la sorpresa más frecuente y conviene decirla de entrada. El precio de venta al público de una joya con diamantes incluye la fabricación, la distribución, el local y el margen comercial, y ninguna de esas cosas se recupera al revender. Lo mismo pasa con un coche al salir del concesionario. Cuando alguien vende un diamante, el precio de referencia es el de recompra, no el que pagó en su día. No hacemos ninguna oferta sin explicar antes esa diferencia, porque es mejor entenderla que llevarse un disgusto.
Diamantes naturales y de laboratorio
Los diamantes sintéticos, o de laboratorio, son químicamente diamantes, pero su mercado y su precio son muy distintos de los naturales, y la diferencia se ha ido ampliando. A simple vista no se distinguen, así que forma parte del examen comprobarlo. Si tu piedra es de laboratorio te lo diremos con claridad, aunque sea la parte de la conversación que menos gusta.